Notas de Opinión, Prensa ; 5 marzo, 2022 a 4:04 pm

El abogado, docente y exlegislador radical Sergio Bruni pone bajo las luces al peronismo mendocino y sus conductas frente a los grandes temas locales.

El Frente de Todos no apoya a Mendoza

Enfrascados en el envase de una ideología decadente, las fuerzas legislativas del Frente de Todos se han empeñado estos últimos años en ser un obstáculo permanente, no solo al gobierno de Suárez (que ciertamente debe padecerlos), sino también a una mejor Mendoza. 

Tales piedras en el camino son visibles tanto en el diseño institucional como en el desarrollo de su producción y de una moderna infraestructura, solo machacan en reclamar que debe ampliarse o transformarse la matriz productiva de la provincia. Mendoza, comparada con las provincias de la región y muchas otras del país, es la que tiene más diversificada su actividad económica. Claro está, con una oposición que mira los intereses nacionales o regionales por encima de los de Mendoza, misión imposible será salir del mero relato y pasar a los hechos. Por otra parte, con el desbarajuste del gobierno de Fernández en materia económica, que aleja a las inversiones reales con un sistema tributario recargado, ¿cómo podría una economía regional surgir con tantos corsés impuestos desde la Nación?

Cuán lejos se ha colocado -coaptados por ideas populistas y obsoletas de aquel vigoroso y renovado justicialismo de Mendoza, ahora nacionalizado- que desde 1983, con aciertos y errores como todos, nuestra provincia tuvo buenos gobernadores, así también un calificado número de dirigentes políticos, empresariales, gremiales o académicos, que realizaron grandes aportes dentro del llamado «Equipo de los Mendocinos». En poco tiempo, los desplazaron por la construcción de la idea «amigo-enemigo» que comenzó entre los años 2006/2008, para mantener el control hacia adentro en primer lugar y luego hacia el control social. El ya clásico: «Vamos por todo».

Ante esta fantasmal aparición, cuánta nostalgia por aquellos buenos adversarios, jamás enemigos, con los que se podía debatir con firmeza y respeto, disentir con valentía, siempre apalancada la discusión en argumentos pensados para el mejor destino de Mendoza. En consecuencia, al final de aquellos acalorados debates menguaban las palabras altisonantes y comenzaban a surgir en la superficie atisbos de racionalidad, ahí empezaban a madurar los buenos acuerdos y consensos. Los sanos equilibrios. La buena voluntad predominaba en las principales fuerzas políticas.

Mientras el presidente Alberto Fernández durante la pandemia nos hacía vivir el encierro más largo e infame del mundo, acá en Mendoza el gobernador Suárez se manejaba con un criterio equilibrado de aislamiento y aperturas de la actividad económica. Sin embargo, tanta ha sido la sumisión al gobierno nacional, que el Frente de Todos pedía que los encierros fueran igual o más fuertes que los que imponía la Nación. Hasta perdieron la idea más básica, que rescato y valoro del justicialismo pre K. Es decir, el preliminar y fundacional concepto de federalismo, que constituyó a la Nación Argentina. Nación, federalismo y República transmutados por «Patria nacional y popular».

Todas y cada una de las reformas institucionales iniciadas por el gobierno provincial, incluida la reforma de la Constitución, fueron en seco frenadas, recostados en las mayorías especiales que nuestra Constitución provincial exige para tales reformas.

Ideas como discutir un nuevo parlamento con mejor representación de todos los departamentos, avanzar fuerte en el concepto de autonomías municipales, todo pensando en un diseño más eficaz y conveniente para las futuras generaciones, fueron rechazadas de plano. Rebote a cualquier iniciativa, sin intentar abrir el diálogo sobre proyectos enviados, para mejorarlos, para debatirlos, ¡nada de nada!

Cuando la Constitución exige simple mayoría para aprobar los pliegos de los magistrados, indignados anuncian que no participaran más de las sesiones de acuerdos hasta tanto no se modifique la Constitución Provincial, desconociendo la manda del artículo 150 de nuestra carta magna. Tema sobre el cual nos expresamos anteriormente en una columna de opinión en este mismo medio. Flagrantes contradicciones, solo entendibles de quienes buscan como objetivo: «cuanto peor mejor», pensando que así podrían recuperar terreno en la rosca política y mejorar las chances electorales. Mendoza no les importa, solo actúan bajo quirúrgicas directivas del orden nacional con directa influencia de la vicepresidenta; embarrando así la cancha ante una iniciativa que casi todos predican, «La Boleta Única Papel». «Para transparentar la fiscalización de los escrutinios y minimizar costos materiales y ambientales». Claro, no podía faltar el gran show de los actores del chicaneo. Poniendo objeciones como la eliminación de la lista completa (mal llamada lista sábana). Si la iniciativa hubiese sido: «Boleta única sin lista completa», la objeción de inmediato se canjeaba, ¡ah no, boleta única, pero con lista completa! Las razones de la sinrazón. ¡Mendoza que espere!

¡Portezuelo del Viento, oda a la hipocresía! Como los teros, hacen ruido diciendo defender a Mendoza para darle seguridad jurídica a la obra del siglo, pero poniendo los huevos en la defensa de los intereses de La Pampa.

¡El colmo de lo insólito! Ahora critican el proyecto de complejo invernal El Azufre, golpeando despachos K en la Nación, para poner en riesgo una inversión que además de generar empleo, potenciará el turismo y generará buenos aportes al departamento de Malargüe y al tesoro provincial. Pero, nótese cinematográfica paradoja, en el año 2020 el kirchnerismo mendocino pidió apoyo y lo consiguió -el oficialismo fue razonable-, para declarar de «interés legislativo» al que consideró en sus fundamentos como «Pueblo de montaña sustentable». Dos años después, cuando los emprendedores avanzan con el poder ejecutivo en la sesión de terrenos para desarrollar el pueblo montañés sustentable, los K mendocinos comienzan con las objeciones. Debieran preguntarse, ¿dónde iban a realizar las obras que pidieron declarar de interés legislativo? ¿En las nubes? ¿O pedirán ahora que se haga en Neuquén?

¡En las palabras que son libres y en las reuniones con empresarios, dicen apoyar a los que invierten; pero en los hechos que son sagrados les surge el socialismo populista!

Es imperioso que aquellas grandes figuras del justicialismo mendocino resurjan para reconstruirlo. Una buena oposición es imprescindible para un buen gobierno. Como lo está haciendo Juan Schiaretti en Córdoba. Deben renacer de las cenizas para recuperar aquella marca de identidad mendocina como otrora supo serlo.

¡A ese Justicialismo con holladura provincial, Mendoza los necesita!

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