

Frente a la ventaja inicial de Flávio Bolsonaro, el comportamiento de los más de 17 millones de electores mayores de 70 años y los elevados niveles de abstención emergen como factores determinantes para las aspiraciones de Lula da Silva en la segunda vuelta.

Hay un argumento bastante sofisticado para explicar por qué Lula podría revertir el resultado de la primera vuelta, y el voto de los mayores de 70 años es una de las variables más interesantes. Pero conviene distinguir entre datos comprobados y proyecciones, porque todavía no tenemos el desglose definitivo de abstención por edad del 4 de octubre.
El resultado de la primera vuelta produjo un dato que, a primera vista, parece contradictorio con varios de los escenarios que se venían manejando: Flávio Bolsonaro terminó primero con 47,03% y 56,1 millones de votos, mientras Lula obtuvo 45,16% y 53,9 millones. La diferencia fue de unos 2,2 millones de votos.
Sin embargo, hay una variable que puede adquirir una importancia extraordinaria el 25 de octubre: la participación electoral.
En el primer turno 33,4 millones de brasileños no fueron a votar, equivalente al 21,08% del padrón. Es la mayor abstención en una elección general desde 1998.
Y aquí aparece un dato particularmente relevante para Lula.
El enorme voto de los mayores de 70
En Brasil, a partir de los 70 años el voto deja de ser obligatorio. En 2026 hay 17.251.915 electores mayores de 70 años, aproximadamente el 10,8% de todo el padrón nacional.
No estamos hablando, por lo tanto, de un segmento marginal: son más de 17 millones de electores.
Pero lo verdaderamente interesante es su comportamiento político.
Los estudios del Datafolha realizados antes de la primera vuelta mostraban que los mayores de 70 años preferían a Lula sobre Flávio Bolsonaro: aproximadamente 46% contra 35%. Entre los electores de 60 a 69 años, la diferencia era de 44% a 31%.
Y en la última encuesta disponible antes de votar, la ventaja de Lula entre los mayores de 60 se había ampliado hasta 49% contra 36%.
Esto permite una conclusión analítica importante: el electorado mayor de 70 años no es simplemente numeroso; es un segmento en el que Lula presenta una ventaja electoral documentada.
Ahora bien, hay que hacer una precisión: decir que es un voto “mayoritariamente petista” puede inducir a error. No significa que más del 50% de los mayores de 70 vote al PT. Significa que, entre las alternativas presidenciales, Lula aparece claramente por encima de Flávio en ese segmento.
En el 2022, solamente el 45,3% de los mayores de 70 años concurrió a votar en el segundo turno. Es decir, aproximadamente el 54,7% no votó. Aquella vez eran unos 6,7 millones los mayores de 70 que efectivamente participaron.
Llevado a la dimensión actual del padrón, si se repitiera aproximadamente ese nivel de participación, estaríamos hablando de unos 9,4 millones de mayores de 70 que votarían y unos 7,8 millones que no lo harían.
Otra manera de observarlo es la que utilizó la prensa durante la campaña: tomando como referencia una abstención cercana al 60% en este segmento, alrededor de 10,2 millones de votos podrían quedar fuera de la disputa.
Esto es extraordinariamente significativo cuando se recuerda que Lula ganó el balotaje de 2022 por aproximadamente 2,1 millones de votos.
La primera vuelta demostró que Flávio Bolsonaro tiene una base electoral extraordinariamente fuerte. Ganó con 47,03%, superó a Lula por más de dos millones de votos y logró imponerse en 14 estados y el Distrito Federal. Lula, por su parte, perdió porcentaje respecto de 2022 en 25 de las 27 unidades federativas.
Por eso sería equivocado interpretar la elección como si Lula simplemente necesitara “mantener” sus votos.
Necesita cambiar la composición de la participación. Y allí aparecen tres bolsas electorales:
1. Los 9,2 millones de votos que fueron hacia candidatos distintos de Lula y Flávio
2. Los 33,4 millones que directamente no fueron a votar.
3. Los votos blancos y nulos, que en la primera vuelta fueron aproximadamente seis millones.
La segunda vuelta convierte a todos esos electores en protagonistas.
El voto de los mayores tiene una particularidad
El elector mayor no solamente presenta una mayor predisposición hacia Lula según las encuestas. También muestra una disposición potencialmente elevada a participar cuando existe un motivo político fuerte.
El Datafolha encontró que 76% de los mayores de 70 años decía que iría a votar aun cuando no estuviera obligado, frente a 61% entre 60 y 69 años y apenas 50% entre los jóvenes de 16 a 24. Además, 37% de los mayores de 70 declaró tener “mucho interés” en política.
Esto introduce una variable interesante: la abstención no necesariamente es un voto perdido definitivamente.
Aquí está, a mi juicio, el punto central del análisis.
Lula no necesita necesariamente conquistar masivamente al electorado que votó por Bolsonaro. Necesita conseguir que una parte de los electores que no participaron vuelva a las urnas y, además, conservar prácticamente intacto su 45% de la primera vuelta.
Eso es diferente.
La campaña petista ya identificó explícitamente a los mayores de 70 como un segmento estratégico y durante los últimos días del primer turno Lula pidió públicamente que concurrieran a votar.
Pero existe también una dificultad: la misma abstención puede favorecer o perjudicar a cualquiera de los dos candidatos dependiendo de quién consiga movilizar a sus propios simpatizantes. Un análisis de la FGV -Fundación Getulio Vargas- señaló precisamente que la abstención afectó especialmente a segmentos como los mayores de 70 y que esto pudo haber perjudicado a Lula, dado el perfil de preferencias de ese grupo.
Flávio tiene algo que Lula no tenía al comenzar el segundo turno: el impulso psicológico de haber ganado la primera vuelta.
Pero tiene que transformar ese 47% en algo más amplio. ¿Podrá? O ese es su techo electoral, difícil hoy pronosticarlo.
Los votantes de los candidatos que quedaron afuera no son homogéneos. Y allí aparece una dificultad: una parte del electorado de centro puede preferir simplemente no votar por ninguno de los dos.
Por eso, la pregunta decisiva no es solamente” ¿quién ganó la primera vuelta?”, sino:
¿quién consigue convertir en votos efectivos a los ciudadanos que no participaron el 4 de octubre y quién logra apropiarse de los votos de los candidatos eliminados?
Y hay otro dato que favorece la hipótesis de recuperación de Lula
El voto de Lula sigue teniendo una concentración territorial muy importante. El Nordeste continúa siendo su principal bastión, y allí obtuvo una ventaja de aproximadamente 11 millones de votos sobre Flávio en la primera vuelta
Eso significa que Lula tiene una base geográfica muy sólida desde la cual intentar compensar las pérdidas sufridas en el Sur, Sudeste y Centro-Oeste.
Pero también hay una señal de alarma: perdió Minas Gerais, uno de los estados históricamente decisivos para las elecciones presidenciales brasileñas, y retrocedió fuertemente respecto de 2022 en buena parte del país.
La tesis de una recuperación de Lula puede construirse sobre cinco elementos:
1. Tiene un piso de 53,9 millones de votos. No es una candidatura debilitada electoralmente hasta el punto de quedar fuera de competencia.
2. Tiene una ventaja importante entre los mayores de 60 y especialmente entre los mayores de 70.
3. Hay 17,25 millones de mayores de 70 habilitados para votar y su participación sigue siendo relativamente baja.
4. Hay 33,4 millones de electores que no participaron de la primera vuelta y pueden ir a votar.
5. Hay otros 9,2 millones que votaron por candidatos diferentes de Lula y Flávio y que ahora deben optar entre los dos, votar en blanco/nulo o eventualmente abstenerse.
Pero hay que ponerle un límite a la hipótesis: no alcanza con suponer que todos los mayores que no votaron son votos potenciales de Lula. No tenemos evidencia para afirmarlo. Lo que sí tenemos es algo más preciso: el segmento 70+ muestra una preferencia favorable a Lula en las encuestas y, al mismo tiempo, una participación históricamente baja porque su voto es facultativo.
Por eso, el 25 de octubre puede producirse una paradoja: el candidato que salió segundo en votos puede tener una oportunidad de recuperación no porque haya ganado terreno en la primera vuelta, sino porque una parte importante del electorado que necesita todavía no se presentó a votar. Por eso, el balotaje parte de una situación en la que la ventaja de 2,23 millones de Flávio es real, pero relativamente pequeña frente a la masa de electores cuyo comportamiento todavía puede cambiar.
Y esa es probablemente la variable más interesante para analizar el balotaje brasileño, no solamente quién convence a más electores, sino quién consigue sacar más electores de sus casas. A mi juicio, la elección está lejos de estar definida. Flávio Bolsonaro llega con la ventaja objetiva de haber ganado la primera vuelta y con un caudal electoral que no puede ser subestimado. Pero el balotaje es otra elección: hay que volver a movilizar a los propios, conquistar a los votantes de los candidatos que quedaron afuera y, sobre todo, disputar a quienes no concurrieron a las urnas.
En ese escenario, el enorme universo de electores mayores de 70 años —un segmento donde Lula mantiene una ventaja clara y cuyo voto es voluntario— adquiere una importancia singular. Si el oficialismo consigue convertir parte de esa abstención en participación y, al mismo tiempo, conservar su núcleo electoral y captar una porción del voto moderado, la diferencia de la primera vuelta puede ser reversible.
Por eso, con la información disponible y sin desconocer la fortaleza demostrada por Bolsonaro, mi impresión es que Lula tiene hoy mejores posibilidades de terminar imponiéndose en el balotaje. No porque haya ganado la primera vuelta —no la ganó—, sino porque la segunda se define sobre un electorado distinto, donde todavía existe un volumen considerable de votos por movilizar y redistribuir.
En Brasil, como tantas veces ocurre en política, donde hay sistemas de balotaje, la elección no necesariamente la decide quien llega primero a la primera meta, sino quien consigue llegar a la final con los votos necesarios.
Sergio Hugo Bruni
Link permanente: Brasil: la elección detrás de la elección
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